UN FIN DE SEMANA EN MONTPELLIER EN FAMILIA

​​A finales de año le pedí a los Reyes Magos un regalo especial para toda la familia y parece ser que nos portamos muy bien porque al levantarnos por la mañana vimos un precioso sobre azul donde aparecieron los pasajes y el voucher para un viaje con estancia en Montpellier. Tengo la impresión que los Reyes aprovecharon la oferta que se lanzó en motivo de la celebración del 20 aniversario de Renfe-SNCF en cooperación.


Así pues, el sábado a primera hora de la mañana nos dirigimos a la estación de Barcelona-Sants para subir a bordo del TGV que nos llevaría a Montpellier. Si bien ya habíamos estado en esta ciudad, poder viajar en tren de alta velocidad y hacerlo de manera cómoda y relajada nos apetecía mucho y los niños estaban más que encantados. 




Estación de Saint-Roch en Montpellier

En sólo 3 horas llegamos a la estación de Saint Roch situada en pleno centro de Montpellier, apenas 10 minutos andando de la famosa “Place de la Comedie”. 

Llegamos puntualmente y maleta en mano nos dirigimos hacia el apartamento. Siempre me han gustado los lugares cómodos y pintorescos y sobretodo céntricos, así que para esta ocasión nos alojamos en un precioso apartamento ubicado en una finca del siglo XVII. Tuvimos una agradable sorpresa al conocer al señor Patrick, propietario del apartamento, quien nos explicó la historia del inmueble, la recién realizada remodelación del mismo y algunos lugares imprescindibles durante nuestra visita a la ciudad.

Con el equipaje ordenado y bien instalados, nos dirigimos hacia Bistrot Victoria para degustar, según nos había recomendado Monsieur Patrick, la verdadera cocina de la zona. 

Después de comer auténtica gastronomía occitana, decidimos perdernos por las calles de l’Écusson, el centro histórico de Montpellier, lleno de rincones encantadores ideales para fotografiar. 




Place de la Comedie

A media tarde empezó a llover, momento perfecto para refugiarnos a tomar un café y la merienda en el centro comercial Polygone. Disfrutamos de las tiendas de la zona comercial y antes de dirigirnos al apartamento a descansar, cenamos algo rápido, pensando en las visitas del día siguiente.
 
El domingo por la mañana, descansados y bien desayunados, decidimos hacer ruta hacía la Promenade du Peyrou. Un largo paseo que incluyó la visita al Château d’eau, el Aqueduc des Arceaux y como era domingo, el mercado de antigüedades que se reúne semanalmente y que hace las delicias de aquellos que se deleitan con este tipo de productos. 




Centro de Montpellier

Paseando, llegamos al Jardín de la Plantas y nos dirigimos al barrio de las Bellas Artes, yendo hacia el centro por la zona norte del Écusson para dirigirnos, atravesando la plaza de la Comedie hacía la Explanada de Charles de Gaulle. Se trata de un paseo arbolado, con un lago y justo en este jardín hay un divertido parque infantil con motivos musicales que seguro gusta a los más pequeños. 




Parques para los más pequeños en Montpellier

La tarde prometía acción y como aún era pronto fuimos a pasear tranquilamente por el Boulevard de Antigone. Se trata de un largo paseo urbanizado en el sudeste de la ciudad, proyectado por el célebre arquitecto Ricardo Bofill e inspirado en la Grecia antigua. Está decorado con réplicas de esculturas de esa época y fuentes sorprendentes. El paseo culmina en el río Lez, donde un gran geiser separa una espectacular Victoria de Samotracia con el impactante edificio que comprende el Conseil Regional de Languedoc-Roussillon. 
De vuelta al apartamento, ya de noche, pudimos disfrutar de la iluminación nocturna de este ingenioso y vanguardista barrio.




Barrio de Antigone

A la mañana siguiente y una vez recogido el apartamento, dejamos la maleta en la consigna de la estación de Saint Roch para conocer cómodamente un parque del que me habían hablado por su belleza. Compramos un abono para el tranvía y nos dirigimos hacía el parque Méric, casi a las afueras de la ciudad. A los niños les encantó el subir en uno de estos coloridos transportes tan típicos de la ciudad para llegar a un lugar donde además podían correr a sus anchas y jugar en el parque. 
Paseando se nos hizo el momento de volver al centro para comer. Visitamos algunas de las fantásticas paredes y fachadas pintadas con escenas realistas que hay por el centro y que seguro que os impactarán cuando las visitéis. ¡Son espectaculares! Una de ellas se encuentra cerca del carrusel de la ciudad, donde los niños no dudaron en subir al instante.


​​

Bicicletas colgadas en las paredes

Antes de volver a la estación para tomar el tren de regreso a Barcelona, tuvimos tiempo de realizar las últimas compras con productos típicos de la zona.



Por Eva Romeu



Únete a la conversación

    Escribe tu comentario