VIAJAR A SÈTE EN VERANO, UNA ESCAPADA A LA VENECIA FRANCESA

Situada a escasas tres horas en tren de Barcelona, Sète permanece casi oculta como una de las ciudades a descubrir este verano. Su privilegiada situación, sus calles llenas de vida o la excelente gastronomía local basada en el marisco que los pescadores traen el puerto cada tarde, hacen de esta pequeña ciudad una visita imprescindible este verano. Prepara tus maletas, reserva los billetes y viaja con los trenes de Alta Velocidad de Renfe-SNCF en Cooperación​ a la pequeña Venecia francesa.



Sète no es una ciudad que enamore a primera vista, y los mismos habitantes la definen como caótica y desordenada. Pero a medida que vas paseando por sus calles, descubres sus canales o pruebas alguno de sus platos más característicos en alguno de los restaurantes que hay al lado del puerto local, piensas que, si no fuese así, no tendría ese encanto único y especial. 



La estatua en honor a los justeros y una Tielle Sétoise, el plato local por excelencia

Nada más llegar a la Gare de Sète, ya podemos cruzar uno de los múltiples canales que atraviesan la ciudad, uniendo el Mediterráneo con el Étang de Thau, una laguna interior de 75 Km2 de superficie que se ha convertido en la principal zona de cría de ostras y mejillones de la región. 

Precisamente la gastronomía local es uno de los principales reclamos de Sète. A lo largo de la ciudad, y especialmente en la zona del puerto, podemos encontrar un buen número de restaurantes que nos permitirán disfrutar por un módico precio de platos típicos locales como las ostras, los mejillones a la marinera (acompañados con las imprescindibles patatas a la francesa) o el Rouille de Seiche à la Seitoise, un delicioso estofado de sepia que suele acompañarse de arroz blanco hervido. 

Claro que, si queremos probar la receta más famosa de la gastronomía de Sète, no podemos irnos de la ciudad sin parar en alguna de las tiendas en las que venden la Tielle Sétoise, una empanada rellena de pulpo que puede comerse tanto fría como caliente y cuyo origen viene de la época en que la ciudad estuvo ocupada por los italianos.



Las increíbles vistas de Sète, el Mediterráneo y el Étang de Thau desde lo alto del Mont Saint-Clair

Todo este banquete nos servirá para coger fuerzas de cara a un plan perfecto si queremos enamorarnos todavía más de Sète: coronar el Mont Saint-Clair. Con una altura de 183 metros sobre el nivel del mar, es el punto más alto de la ciudad, y nos permite disfrutar de unas vistas únicas tanto de la propia ciudad de Sète como del Mar Mediterráneo y el Étang de Thau. Para subir a lo alto, podemos hacerlo tanto con autobús como a pie, gracias a unas escaleras que serpentean por el monte y que nos permiten disfrutar (a pesar del cansancio), de una experiencia única, con el paisaje descubriéndose a medida que vamos subiendo los más de 300 escalones que coronan este lugar que fue refugio del famoso pirata Barbarroja



El Canal Royal, que acoge cada año las justas náuticas de la Fiestas de San Luís

Ya de nuevo en la ciudad, y después de haber caminado un buen rato para disfrutar de las vistas desde lo alto de Mont Saint-Clair, podemos decidirnos por dos opciones “motorizadas” para recorrer algunos de los lugares más interesantes de Sète. Por una parte, tenemos el famoso trenecito turístico, que nos permitirá recorrer en unos 40 minutos el centro de la ciudad, el puerto o el rompeolas de San Luís, y cuyo recorrido comienza justo debajo de la oficina de turismo.

Claro que si lo preferimos, podemos optar por alguna de las excursiones marítimas que nos permitirán descubrir Sète desde el que es su lugar más característico, los canales que recorren la ciudad. Podremos adentrarnos en el Étang de Thau para observar los criaderos de ostras, observar el barrio de la Point Courte, uno de los más típicos y pintorescos de la ciudad, o recorrer los lugares donde tiene lugar la fiesta más conocida de Sète, y que cada año atrae a miles de visitantes. Hablamos por supuesto de las fiestas de San Luis​, que se celebran alrededor del 25 agosto y que desde 1666, tienen su punto álgido en las justas que se desarrollan en el Canal Real durante toda la semana.



El puerto de Sète y el Faro de San Luís son dos de los lugares de imprescindible visita en la ciudad

Si somos amantes de las playas, podemos optar por los más de 12 kilómetros que encontraremos en Sète. Gracias a su particular configuración, con el puerto en pleno centro de la ciudad, y al característico “Lido”, la porción de tierra que separa el Étang de Thau del Mediterráneo, podemos disfrutar de unas playas de arena fina únicas, accesibles además en bici​ gracias al carril que hay habilitado desde la ciudad. 

No podemos irnos de Sète sin visitar su famoso Theatre de la Mer, una antigua fortaleza reconvertida hoy en teatro y que, durante la temporada alta, acoge varios espectáculos, o el Faro de San Luis, situado al final del muelle que lleva el mismo nombre, y que nos permite disfrutar de una vista única de la ciudad, con el Mont Saint-Clair coronándola al fondo. 



Y mientras volvemos a casa disfrutando de las vistas del Ètang de Thau desde el tren, no podemos sino pensar en el increíble d​escubrimiento que ha sido esta pequeña ciudad costera del sur de Francia, en la que su gastronomía, el calor de sus habitantes, o su espectacular paisaje, le confieren una identidad única.




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