¡NOS VAMOS A LA ÓPERA!: DESCUBRE LOS TEMPLOS DE LA MÚSICA DE PARÍS Y LYON

​​​​La ópera tardó en implantarse en Francia. No sería hasta finales del siglo XVII cuando empezaron a triunfar las primeras obras operísticas en el país. En pleno apogeo de estas representaciones, Napoleón III prohibió la gran​ ópera, dado que era la vía que utilizaban los compositores para transmitir sus críticas contra el régimen político. De esta manera, se impulsan otros géneros, como la opéra bouffe, de carácter cómico y satírico, que causa furor entre los franceses. En el siglo XIX, además, ven la luz dos de los edificios de ópera más importantes del país, el de París y el de Lyon. ¿Quieres conocerlo todo sobre ellos? Móntate en nuestros trenes de alta velocidad de Renfe-SNCF en Cooperación​ y te llevamos a descubrirlos.
 

La Ópera Garnier de París: una oda a la opulencia



  El edificio rebosa majestuosidad, tanto exterior, como interior

La Ópera Garnier es uno de los monumentos más emblemáticos de París, uno de esos rincones que ningún visitante debiera pasar por alto. Fue inaugurada en el año 1875 y mandada construir por Napoleón III​ después de que él y su mujer sufrieran un atentado en su camino a la Ópera Lepeletier. El entonces presidente de Francia exigió la construcción de una ópera mucho más segura y así nació la Ópera Garnier.

Se trata de un edificio de estilo neobarroco que ya impresiona desde la propia fachada. Sin embargo, el verdadero lujo y la opulencia nos esperan una vez en el interior. Llama la atención la imponente escalera de mármol, así como la gran cantidad de detalles dorados y las pinturas que adornan techos y paredes.

​La joya de la corona es, cómo no, la sala de espectáculos. Con forma de herradura, predominan en ella el terciopelo y el dorado. La preside una enorme lámpara de 8 toneladas confeccionada en bronce y cristal con 340 bombillas. La Ópera dispone de cerca de 1.900 butacas, todas ellas forradas en terciopelo rojo.

Imperdible es el salón Glaciar, que evoca la estética de la Belle Époque, con sus múltiples frescos y el juego de espejos. Por último, podemos encontrar la Biblioteca-Museo ​de la Ópera, que acoge una vasta colección dedicada a la historia de las artes en Francia.



Salida al balcón durante la visita a la Opéra Garnier. Disfrutando de unas vistas privilegiadas



​​La Ópera Nacional de Lyon: un ejemplo de arquitectura ecléctica


  
A pesar de su diseño algo extraño en contraposición al resto de la ciudad, se ha convertido en uno de los edificios más emblemáticos de Lyon

El impresionante techo de cristal de la Ópera Nacional de Lyon, que data de 1831, fue en un principio objeto de controversias. Ese diseño arquitectónico tan moderno parece que no encajaba bien en la fisonomía de Lyon. En la actualidad, no obstante, se ha convertido en un imprescindible del paisaje urbano​.

La fachada de la Ópera Nacional de Lyon tiene guiños neoclásicos, aunque lo que está claro es que es una oda a la originalidad, y nada tiene que ver con su homóloga de París. El arquitecto Jacques-Germain Soufflo, quien también diseñó el Panteón de París, se encargó de levantar este teatro de ópera a mediados del siglo XVIII. Un siglo después, Jean Nouvel se ​encargó de reconstruirlo y ampliarlo, conservando el vestíbulo y las cuatro fachadas.

En contraposición a la Ópera Garnier, en la sala de espectáculos de la Ópera Nacional de Lyon predominan las tonalidades negras. Pero si algo entusiasma de este edificio es la terraza del séptimo piso, donde está instalado un bar panorámico ideal para contemplar la inmensidad de Lyon​.




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